El ratio de liquidez general es, probablemente, el primer indicador que cualquier analista financiero mira al abrir un balance. Responde a una pregunta directa: ¿puede la empresa pagar lo que debe a corto plazo con lo que tiene a corto plazo? Pese a su aparente sencillez, su interpretación tiene matices que muchos asesores pasan por alto.
Qué es y cómo se calcula
La liquidez general, también llamada ratio corriente o current ratio, se calcula dividiendo el activo corriente entre el pasivo corriente:
Liquidez general = Activo Corriente / Pasivo Corriente
El activo corriente incluye existencias, deudores comerciales, inversiones financieras a corto plazo, efectivo y periodificaciones. El pasivo corriente agrupa las deudas con entidades de crédito a corto plazo, acreedores comerciales y otras deudas a corto plazo. El resultado es un número que expresa cuántos euros de activo corriente hay disponibles por cada euro de deuda a corto plazo.
Valores de referencia
La interpretación depende del valor obtenido. A continuación, los rangos habituales para pymes españolas:
- Menor que 1,0 — Zona de peligro. La empresa no tiene activos corrientes suficientes para cubrir sus deudas a corto plazo. Existe riesgo real de impago. Requiere acción inmediata: renegociar plazos, inyectar capital o vender activos no estratégicos.
- Entre 1,0 y 1,5 — Ajustado. La empresa cubre sus obligaciones, pero sin margen de seguridad. Un retraso inesperado en cobros o una caída de ventas puede generar tensiones de tesorería. Conviene vigilar la evolución mensual.
- Entre 1,5 y 2,0 — Saludable. Existe un colchón suficiente para absorber imprevistos. Es el rango objetivo para la mayoría de pymes industriales y de servicios.
- Mayor que 2,0 — Posible exceso. Aunque pueda parecer positivo, una liquidez excesiva sugiere que la empresa acumula recursos ociosos que podrían invertirse de forma más productiva. También puede indicar exceso de existencias o problemas de cobro enmascarados.
Ejemplo numérico
Imaginemos Distribuciones Levante SL, una empresa de distribución con el siguiente balance simplificado:
- Existencias: 180.000 €
- Deudores comerciales: 95.000 €
- Efectivo: 25.000 €
- Activo corriente total: 300.000 €
- Acreedores comerciales: 140.000 €
- Deuda bancaria C/P: 60.000 €
- Pasivo corriente total: 200.000 €
Liquidez general = 300.000 / 200.000 = 1,50. Está en el límite inferior del rango saludable. Si uno de sus clientes principales retrasa un pago de 50.000 €, el ratio caería a (300.000 − 50.000) / 200.000 = 1,25, entrando en zona ajustada. Este tipo de análisis de sensibilidad es el que aporta valor real en un informe financiero.
Relación con el fondo de maniobra
El fondo de maniobra (AC − PC) y la liquidez general (AC / PC) son dos caras de la misma moneda. Cuando la liquidez general es mayor que 1, el fondo de maniobra es positivo. En nuestro ejemplo: 300.000 − 200.000 = 100.000 € de fondo de maniobra. Este importe representa la parte del activo corriente financiada con recursos permanentes (patrimonio neto o deuda a largo plazo), lo que da estabilidad a la estructura financiera.
Errores comunes de interpretación
El primer error es analizar el ratio de forma aislada, sin comparar con el sector ni con la evolución temporal de la propia empresa. Un 1,3 puede ser excelente en gran distribución (donde el ciclo de caja es muy corto) y preocupante en construcción (donde los cobros tardan meses). El segundo error frecuente es no mirar la composición del activo corriente. Una empresa con liquidez de 2,0 pero cuyo activo corriente es 80 % existencias de rotación lenta tiene una liquidez real mucho menor de lo que sugiere el ratio. Por eso conviene siempre complementar con el test ácido, que excluye las existencias. El tercer error es ignorar las partidas fuera de balance: avales, pólizas de crédito no dispuestas y líneas de descuento disponibles pueden modificar sustancialmente la capacidad de pago real.
Cómo mejorar la liquidez
Si el ratio está por debajo de 1,5, hay varias palancas a disposición del asesor financiero. Reducir el plazo medio de cobro negociando condiciones con clientes o utilizando factoring. Optimizar el nivel de existencias ajustando pedidos a la demanda real. Renegociar la deuda a corto plazo para pasarla a largo plazo, reduciendo así el pasivo corriente. Inyectar fondos propios mediante ampliación de capital o capitalización de préstamos de socios. Y, por supuesto, mejorar la rentabilidad operativa para que la empresa genere más caja de forma orgánica. Cada una de estas medidas tiene implicaciones fiscales y operativas que el asesor debe evaluar caso por caso.
Conclusión
El ratio de liquidez general es simple de calcular pero rico en información cuando se interpreta correctamente. Un buen informe financiero no se limita a mostrar el número: lo contextualiza con el sector, lo compara entre ejercicios, analiza la composición del activo corriente y propone acciones concretas cuando el valor se desvía del rango óptimo. Esa es la diferencia entre un dato y un análisis profesional.